La historia detrás de las fotografías de los vigilantes de El Inglés

Las tomas confirman la existencia en Veracruz de un grupo de civiles armados que vigilan por las noches las calles de su comunidad  fueron conseguidas después de un mes de trabajo periodístico.

 

ÁNGEL RAMOS

Nunca me di cuenta cuando llegó, pero de pronto un hombre con la cara cubierta con un paliacate estaba de pie junto a nosotros. Cuando Félix Márquez observó que aquel extraño empuñaba una escopeta en su mano derecha, echó su cuerpo hacia la pared más cercana, se recargó y empezó a preparar su cámara.

Desde hace un mes, junto con nuestro colega Rodrigo Soberanes de La Jornada Veracruz y la agencia AP, reporteamos la existencia de guardias civiles armadas en comunidades rurales del estado.

Hasta ese momento habíamos hablado al menos con 20 o 25 personas de pequeñas poblaciones de los municipios de Soledad Atzompa y Acultzingo, quienes nos confirmaron que, ante el incremento de robos, asaltos y extorsiones, durante las noches salen con armas de diferentes tipos a vigilar los alrededores de sus comunidades.

Siempre viajamos de día, así que nunca tuvimos la oportunidad de ver uno de esos recorridos con nuestros propios ojos. Tampoco nos fue permitido quedarnos en las comunidades para acompañar a los miembros de los consejos de seguridad, como se autodenominan, en sus tareas de vigilancia.

Aunque los testimonios eran vívidos y retrataban la grave problemática que tal vez viven cientos de poblaciones de la sierra veracruzana, decidimos no escribir nada, pensamos que nadie nos iba a creer y que necesitábamos las fotos.

"Yo puedo escribir ya mis notas pero sin fotos no hay historia", le dije a Márquez, quien varias veces dijo que no seguiría con el trabajo porque los viajes a la sierra le habían costado mucho dinero.

Pero no se rindió y con él no nos rendimos...cuando preparábamos el tercer viaje a la sierra, Soberanes supo de la formación de un consejo ciudadano de vigilancia en la congregación de Piedras Negras, en el municipio de Tlalixcoyan, a menos de una hora del Puerto de Veracruz.

El martes cinco de marzo viajamos al lugar y recopilamos varios testimonios de habitantes de la antes tranquila congregación y que ahora se quejan del embate diario de los llamados criminales del fuero común.

Ese día fuimos recibidos por un integrante del recién formado comité, quien había escuchado la historia de un grupo de vecinos en la comunidad El Inglés, en las afueras de Piedras Negras, que supuestamente hacían rondines nocturnos y que "al parecer" lo hacían portando escopetas y machetes.

Fuimos a la comunidad y nadie nos quiso decir nada. Pero nuestra fuente consiguió el nombre de uno de los integrantes del grupo de vigilantes y también averiguó el lugar donde trabaja. Fuimos a buscarlo y nos confirmó la historia.

Nos dijo que desde octubre realizaban rondines nocturnos y que para cuidarse de los delincuentes portaban escopetas "conejeras". Sin rodeos, Márquez le preguntó si era posible acompañarlos en uno de esos recorridos para tomar unas fotos. Sin pensarlo mucho dijo que sí, pero luego reflexionó y agregó que primero debía hablarlo con el resto de sus compañeros.

Pusimos un plazo, regresaríamos una semana después y nos encontraríamos al final de la segunda reunión del Comité de Seguridad Pública de Piedras Negras, que para entonces llevaba unos cuantos días fundado tras el asesinato de un comerciante a quien le dispararon nueve veces en la cara.

Esta vez viajamos de noche, salimos a las siete de Veracruz. Cuando llegamos al salón de la Unión de Comerciantes de Piedras Negras vimos que estaba vacío. "¿Será que ya no hicieron nada?", dijo Márquez.

Seguro pensó que otra vez nos quedaríamos sin fotos. "Háblenle a la fuente, pregúntenle qué pasó", agregó de inmediato. La fuente no contestó el teléfono. "Se echó para atrás", pensé. Pero pronto el teléfono de Soberanes sonó, era nuestra fuente quien nos informó que la sede había sido cambiada al rebasarse el número de asistentes esperados.

Llegamos al salón de la Unión Ganadera de Piedras Negras y por más de dos horas escuchamos las quejas de los ciudadanos preocupados por la inseguridad de su pueblo y la corrupción del Ministerio Público local.

Entre ellos estaba un poblador de El Inglés, quien platicó brevemente las acciones que en esa comunidad venían realizando, aunque no detalló la parte de las armas... "¿Será que no las usan?", pensé.

En cuanto terminó la reunión Márquez y yo empezamos a buscar como locos a nuestra fuente, quien nos presentaría al resto de los integrantes de la guardia civil. Cuando lo encontramos nos llevó con cuatro hombres. Dos jóvenes y dos viejos. Ellos abordaron una camioneta vieja y nos pidieron que los siguiéramos.

Pronto llegamos a El Inglés, nos estacionamos a las afueras del lugar. Cuando nos acercamos a la camioneta ya no eran cuatro hombres, sino solo tres. Mientras platicábamos sobre la dinámica de los recorridos llegó el primer hombre armado.

Luego, a lo lejos de la calle, vimos que se acercaba otro, que era uno de los que conocimos en la reunión pero que había ido a su casa a buscar su escopeta.

Ya eran cinco personas: dos con escopetas, uno más llevaba un tubo, y los otros dos palos y piedras. Nos explicaron que la cantidad de hombres dentro del grupo varía según el día. Y que, aunque se habían juntado grupos de hasta 10 o 15, solo tres eran constantes y precisamente eran los dueños de las armas largas.

Pero esa noche, uno de ellos estaba enfermo y estaba fuera de Piedras Negras atendiéndose.

Márquez empezó a disparar de inmediato, casi no hablaba, solo se escuchaba las ráfagas del obturador de su cámara en medio de una noche tranquila. Soberanes y yo mantuvimos la distancia al principio, para no meternos por accidente en las fotografías, finalmente era lo que habíamos buscado por tanto tiempo.

Luego comenzamos a entrevistar a los hombres mientras hacían su recorrido. Márquez les pedía de vez en vez que se detuvieran bajo las luces de las lámparas para hacer mejor sus tomas. Los hombres accedían mientras nos seguían platicando su historia.

Yo también tomé fotografías con mi celular y grabé un video. Mientras pasábamos por un paraje oscuro, nos encontramos con una patrulla de la Policía Municipal de Tlalixcoyan, hablamos con dos de ellos y nos confirmaron que trabajan en equipo con los vigilantes de El Inglés.

Explicaron que tienen que atender otras 20 comunidades y en una noche nos les da tiempo para recorrerlas todas. "Ellos nos avisan si pasa algo y nosotros venimos de inmediato", señaló uno de los agentes.

Estuvimos poco más de una hora recorriendo las calles de El Inglés. Cuando nos íbamos, Márquez cayó en una cloaca llena de agua sucia. Como pudo logró que su cámara no se golpeara y tampoco se mojara. Al salir tenía toda la pierna derecha mojada, además del brazo lastimado, nosotros nos reímos de él, pero él siguió tomando fotos.

Esa noche nos quedamos a dormir en Piedras Negras, compramos unas cervezas para celebrar la nota que acabábamos de conseguir. "No nos pueden desmentir porque tenemos las fotos", les dije a mis colegas. ¿Qué ingenuo no?

Al final, la mayoría de las cervezas se quedaron sin destapar, estábamos cansados, no solo por lo que sucedió ese día... también por todo el mes de búsqueda. Pero las fotos estaban ahí, y por fin  podía escribir la historia, que no era solo la historia de El Inglés, también de todos aquellos pueblos que conocí durante los viajes a la sierra.

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